Carácter

Carácter

Vivimos un tiempo en el que la imagen pública de los partidos políticos tradicionales se encuentra especialmente dañada. La crisis económica ha desatado una crisis institucional, y de la conjunción de ambas ha surgido una profunda crisis del régimen. Se trata de la crisis de un régimen sostenido desde sus orígenes en los bloques de poder y aparatos burocráticos heredados del entorno de la oligarquía del franquismo tardío, que han hecho de la corrupción, el fraude y la financiación ilegal su modo de hacer política. La explosión de esta burbuja de corrupción ha inundado por completo todas las instituciones del Estado y sus administraciones, acelerando el proceso de descomposición de los partidos orgánicos, aquellos que han servido como coartada -cuando no como cómplices necesarios- del saqueo de los recursos comunes por parte de las elites extractivas.

Hoy defender la democracia es luchar contra la corrupción. Hoy defender la democracia es revelarse contra el saqueo y expulsar de las instituciones a quienes las parasitan. Por lo mismo, hoy nuestra prioridad debe ser recuperar la democracia expulsando a los corruptos de las instituciones. ‘Hay que echarlos’, hemos gritado, porque ya no podemos quedarnos más tiempo aguantando de brazos cruzados.

Nuestra región no es ajena al sentir general de nuestro país. Hay quienes dicen de nuestra tierra que no es lugar para revoluciones políticas, sociales o culturales. Dicen que aquí somos moderados, incluso conservadores, y que no nos gustan los cambios. Quienes hacen tales afirmaciones suelen ser, justamente, aquellos a los que le va bien con la situación actual; quienes prefieren obviar u ocultar que las libertades civiles, la democracia, la igualdad y la justicia social, los derechos laborales y sociales, la libertad de credo, de opinión y de prensa o la separación de poderes fueron conquistas de la gente y no regalos de las elites. Quien quiere que nada cambie no lo hace en nombre de la gente, sino en defensa de sus privilegios. Cierto que el carácter de nuestra gente, de los y las castellanomanchegas es paciente, que somos gentes poco dadas a exaltarnos, pero no es menos cierto que existe un rasgo particular de nuestro carácter que merece ser muy valorado: somos gente de palabra. Y una vez nos comprometemos dando nuestra palabra, cumplimos y vamos hasta el final, asumiendo todas las consecuencias. Si quieren a eso, además de honestidad, se le llama valentía.

Hoy, 31 de mayo, día de nuestra Región, es un buen momento para realizar examen de conciencia y valorar si las gentes de Castilla-La Mancha merecen el gobierno que tienen. Preguntarnos si el actual gobierno ha estado a la altura de su pueblo. Si ha cumplido su palabra. A mi juicio, una vez más se demuestra que la política de los viejos partidos no es capaz de dar respuestas a las necesidades reales de la gente. También creo que hoy ya nadie lo duda: nuestro pueblo es mucho mejor que la clase política que lo gobierna. Y un gobierno que camina muy por detrás de las expectativas y deseos de su pueblo está condenado a desaparecer por el camino. Porque el cambio social, también en Castilla-La Mancha, es imparable. Nuestro carácter es paciente, pero la paciencia también tiene límites.

Feliz día de Castilla-La Mancha a todos y todas.