¿No quieren presupuestos?

¿No quieren presupuestos?

Hay días señalados en el calendario. Días en los que nos vestimos y arreglamos para las grandes ocasiones, días de estreno y anuncios solemnes. Para el común de los mortales estos días son los menos porque, con suerte, casi todos toca ponerse la ropa de trabajo, disponer el cuerpo, la aptitud y la actitud, para ponerse “manos a la obra”. Hay quien quiere que el trabajo de la política se parezca más a lo primero que a lo segundo, pretendiendo dar cada día una gran noticia o vivir en permanente celebración. Humildemente considero que la actividad política debería parecerse más a la vida cotidiana y menos a esto en lo que se ha convertido. En política debe haber días de anuncios y celebración; pero la mayoría debería tocar ponerse la indumentaria de trabajo.

¿Por qué el gobierno no ha querido sentarse en estos dos meses a negociar los presupuestos que necesita nuestra región? ¿Por qué este largo lamento y ataque por no aprobar unos presupuestos que sólo convencían al PSOE? Es difícil explicar por qué Emiliano García-Page sigue entre anuncios y celebraciones, resistiéndose a vestir el uniforme de negociar unos presupuestos que solucionen los problemas reales de la ciudadanía. Somos conscientes que el todavía presidente regional ha tenido un mes de mayo complicado, repleto de días especiales, pero ya estamos en junio, y avanzando.

Nosotros queremos unos presupuestos que den soluciones a las y los profesores interinos de nuestra región, que permitan atender debidamente a las personas en situación de dependencia, que fortalezcan la atención sanitaria pública primaria y hospitalaria, que dignifiquen la vida de todas y todos y limiten los excesos y privilegios de unos pocos, etc.

Si más allá de anuncios y lamentos, el presidente desea tener unos presupuestos a la altura de las necesidades de la región -y no solo a la de los deseos e intereses del PSOE- estoy más que dispuesto a sentarme con él a trabajar. De hecho, le invito a que iniciemos una negociación abierta y pública sobre los presupuestos que precisa nuestra tierra. Una negociación en la que la ciudadanía pueda saber de qué estamos hablando, en qué queremos invertir los recursos colectivos y en qué no. Una negociación cara a cara, pública y transparente, que aclare si -frente a las apariencias de los anuncios- la realidad es que tal vez no quieren tener presupuestos.